El arte de la hospitalidad íntima

Carlos Zaragoza, fundador de El Cortés

Antes de convertirse en un hotel, El Cortés era la casa que llamaba la atención de Carlos Zaragoza cada vez que caminaba por la Roma Norte. Después de vivir casi cinco años en Londres, se mudó a la Ciudad de México y encontró su primer departamento en esta colonia, donde todavía vive, a solo tres cuadras del hotel. Entre todas las fachadas históricas que veía durante sus recorridos, había una que nunca dejaba de cautivarlo.

La casa se encuentra en un tramo tranquilo de la calle Colima, lejos del movimiento que rodea a restaurantes como Rosetta, Máximo y Meroma. Zaragoza se sintió atraído por la tranquilidad de esa esquina y el carácter imponente del edificio. Incluso antes de saber que podría comprarlo, estaba convencido de que algún día la propiedad debería convertirse en un hotel.

Cuando Zaragoza adquirió la casa, gran parte de su interior original ya había sido modificado. En lugar de intentar reconstruir un pasado que ya no existía, se concentró en rescatar lo que quedaba. “Mi enfoque fue recuperar todo lo que pudiera”, explica. Calcula que se conservó cerca del 90 % de los elementos que todavía estaban en condiciones de ser restaurados.

Las ventanas representaron una de las decisiones más difíciles. La casa tiene más de un siglo de antigüedad y los movimientos del suelo de la Ciudad de México habían provocado desniveles en pisos, paredes y marcos. Instalar ventanas nuevas habría ofrecido mayor protección contra el ruido de la calle, pero sustituir por completo las originales habría significado perder una parte importante del carácter del edificio. Zaragoza restauró los marcos fijos de madera y reemplazó únicamente las secciones que necesitaban abrirse.

Desde el principio, quería que los interiores conservaran el mismo carácter que lo había cautivado desde la calle. También sabía que el encanto, por sí solo, no sería suficiente. “Me encantan los hoteles boutique, pero me gustan los hoteles boutique que se sienten como hoteles”, comenta. El Cortés debía ofrecer la intimidad de una residencia privada, pero también contar con restaurante, servicio a la habitación y la confiabilidad que los huéspedes esperan de una propiedad de lujo.

Su tamaño permitió desarrollar esa visión de una manera muy personal. El Cortés cuenta con tan solo 15 habitaciones y suites, lo que permitió a Zaragoza seleccionar personalmente las obras de arte, los muebles y los acabados durante aproximadamente tres años y medio. “La escala te permite crear algo con mucha más personalidad y detalle”, explica. Resulta difícil imaginarlo siguiendo el mismo proceso en un hotel de 70 u 80 habitaciones.

Uno de los elementos que más aprecia es un vitral original de alrededor de 1910. Era demasiado grande para adaptarse a cualquiera de los espacios del nuevo diseño, así que Zaragoza encontró a un maestro artesano capaz de dividirlo cuidadosamente en tres secciones. Actualmente, partes del vitral se encuentran en dos baños de las habitaciones, dando continuidad a una historia que comenzó con la propia casa.

Gran parte del arte también proviene de la colección privada de Zaragoza. La pieza más antigua del hotel es una diminuta pintura mexicana al óleo sobre metal, fechada en 1828, que representa a una mujer con un nivel de detalle extraordinario. Decidió colocarla en una de las áreas comunes más amplias y de mayor altura, donde su pequeño tamaño resulta casi inesperado. Desde hace mucho tiempo, a Zaragoza le fascinan las obras de arte pequeñas y la manera en que invitan a las personas a acercarse para apreciarlas.

Esa atención al detalle también define su concepto del servicio. “Hoy en día, la hospitalidad tiene que ir más allá de diseñar espacios hermosos”, afirma. Una vez que el huésped cruza la puerta, el equipo debe ofrecer una experiencia tan cuidadosamente pensada como las propias habitaciones.

Zaragoza quiere que el personal sea cálido y atento, pero nunca invasivo. Con frecuencia habla con su equipo sobre la importancia de respetar la privacidad del huésped y aprender a anticiparse a sus necesidades sin hacer sentir constantemente su presencia. “Tienes que estar ahí y saber interpretar lo que necesita, pero no debería tener que verte”, explica. El servicio debe aparecer cuando se necesita y prácticamente desaparecer cuando no es necesario.

También tenía muy claro que El Cortés debía establecer una relación auténtica con la Roma Norte. Lotti, el restaurante del hotel, se convirtió en la manera natural de crear ese vínculo. Zaragoza quería que fuera un lugar frecuentado por los habitantes de la colonia, no simplemente un restaurante para los viajeros hospedados en las habitaciones. No quería que los visitantes internacionales pasaran varios días en la Ciudad de México sin conocer ni relacionarse con las personas que viven aquí.

Esto cobra especial relevancia en un momento en que la oferta de hoteles de lujo de la ciudad está creciendo rápidamente. Zaragoza considera que los viajeros buscan cada vez más propiedades independientes con personalidad, en lugar de espacios donde todas las superficies parecen nuevas y todo es de color beige. Quieren un hotel conectado con su entorno y, quizá, uno que no sea tan perfecto.

El Cortés es el primer hotel de Zaragoza y admite que no estaba preparado para la rapidez con la que el público respondería al proyecto. La restauración tomó más tiempo del previsto y trajo consigo los retrasos, gastos y dudas que suelen acompañar la recuperación de un edificio antiguo. “Sabía que estaba creando algo muy especial, pero no esperaba la respuesta que hemos tenido”, comenta. La recepción por parte de los huéspedes, asesores de viajes, medios de comunicación y vecinos de la colonia hizo que todas las dificultades valieran la pena.

¿Qué espera que los huéspedes se lleven después de su estancia? Nada demasiado complicado. Quiere que se marchen bien descansados y que recuerden la sonrisa con la que el equipo los recibió. Para un hotel definido por tantas decisiones personales, quizá esa sensación tan sencilla sea el detalle más importante de todos.

Behind The Stay

Una serie editorial de The Curated Itinerary que explora las historias de las personas cuyo liderazgo da forma a algunos de los hoteles más memorables del mundo. A través de conversaciones con gerentes generales, fundadores y líderes de la industria hotelera, la serie va más allá de las habitaciones para descubrir las filosofías, decisiones y personas que definen una hospitalidad excepcional.